La cicatriz como metáfora de la verdad.
Siempre hubo una relación estrecha entre la metáfora biológica de unificar el cuerpo con lo político, el tiempo transcurrido entre el anuncio de la enfermedad de la actual mandataria y ayer, día de su vuelta a tomar el ejecutivo, se observaron, por las redes, y por analistas políticos, la enfermedad corría por el cuerpo de la nación, la imagen del cáncer tomo la imagen política de sujetos políticos que eran “cuerpos extraños” a la idea de un orden, cuya ruptura se inicio en el 2003. El efecto de una lectura burda del funcionalismo, donde la anomia kirchnerista da vuelta por las cabezas de los comentaristas, buscando el efecto de retirarla de escena, sin las posibilidades antiguas de transformación golpista, ahora se configuran en el lenguaje de destituyente, el cáncer de la autoridad máxima era representación del hecho maldito de la sociedad post-neoliberal el kirchnerismo, las burdas imágenes del retorno del viva el cáncer, juego de imaginarios del mas repugnante anti-peronismo, trasladado a una supuesta llamada al orden en referencia a los sectores populares, el cáncer como enfermedad temida, los sectores populares como destabilizadores de los pactos de las clases hegemónicas. Luego vino la teoría del relato de la impostura, de que vivimos en mundo de ficción, el kirchnerismo impone un relato sobre la realidad se aproxima a un cuento de ciencia ficción, donde han quedado atrapado la mitad de lo argentinos, por lo cual, siguiendo esta rutina, la enfermedad era parte de la mentira, del proceso de construcción de una nueva mitología kirchnerista, enfermedad falsa construida para generar nuevos espacios de veneración popular, con sus altares, sus peregrinaciones, sin pensar que muchas veces las construcciones de nuevas narrativas implican una descontrucción de relatos previos, es decir, ruptura de los consensos interpretativos sobre la sociedad, y las paginas editoriales de los grandes diarios, son participantes de esta lucha interpretativa, son parte del conflicto de político, ahí se desnuda la idea de la palabra inocente, ya que su lugar de enunciación es un lugar de no neutralidad, frente a la idea de construcción de un relato kirchnerista, necesario en todo proyecto político, se olvidan de plantear sobre que supuestos se construyo, sobre la recuperación de la política como forma de ruptura de consensos, de la inclusión social, del desarrollo de una autonomía nacional, re-lecturas de una sociedad, es decir, de su pasado, presente y proyección hacia el futuro. De repente, la cicatriz como metáfora final, del comentario de la estética como instancia no política, en el discurso la estética se politizo, se transformo en prueba de verdad, destruyendo la argumentación de la impostura, miles de palabras escritas durante estos 20 días se derrumbaron, la verdad se mostraba, presente, entre la búsqueda de ciertos grupos monopólicos de ver la imagen de la mentira oculta detrás de un pañuelo, pero ella lo aclaro la política sobre la estética, porque la cicatriz es parte de esa verdad, desmontando el relato de la impostura, siendo el revés del otro, la impostura del relato estaba en otro lado, la metáfora de la presidenta del reino del revés, mientras tanto, la realidad se configura como espacio de un reino donde el relato dominante se derrite bajo las olas de este calor veraniego, esperando las lluvias que hagan crecer las mentiras en su espacio de sequía argumentativa.

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