Sobre el mito del kirchnerismo
Las palabras no son neutrales en sus usos, muchas veces detrás del simple decir, una afirmación adquiere una significación que intenta poner en dudas nuestras experiencias de vida.
Una de esas palabras es el concepto de mito, en la mayoría de los usos cotidianos, y luego trasladados a los medios de difusión, el mismo adquiere el significado de un relato ficticio, sobre el cual con realizar una especie de recorrida con ciertos datos de la realidad se ponen en duda toda la estructura sobre la que se monta el mismo, ya que el mito, como veremos mas adelante, contiene grados de veracidad, cuando hablamos de los “mitos del neoliberalismo”, veremos una serie de argumentaciones que lo sostenían, desde la des-regulación del Estado, el derrame sobre los beneficios sobre la sociedad, la libertad del mercado, el desfajase de las empresas nacionales, todo lo cual cubría los intereses sectoriales una facción de la burguesía vinculada a los capitales financieros y multinacionales. Ese mito se construyó, se difundió, y adquirió en la sociedad un grado de verdad, la famosa doña Rosa, encarnando la gente, pudo legitimar el despojo del estado.
Los medios, ciertos economistas, vinculados a determinados sectores y clases sociales, han intentado configurar una visión de un mito del kirchnerismo, como experiencia política que se constituyó como resultado de una reconfiguración de ciertos efectos económicos en la esfera internacional, es decir, cualquier gobierno nacido después del 2003 hubiera logrado el crecimiento experimentado por nuestra nación (el famoso efecto de cola de los precios internacionales de las materias primas). Por lo cual, de esta manera se intenta despolitizar el debate sobre los modelos de desarrollo de la sociedad, el papel del Estado, olvidándose la frase de la actual presidenta en el acto de la CGT, de la no neutralidad del mismo en los conflictos sociales, es decir a futuro, cualquiera que venga podrá mantener los efectos de crecimiento, ya que lo mismo no es efecto de una decisión política sino algo así como una intervención divina que nos salvo del desastre neoliberal.
Pero yo quiero entrar en otra esfera del mito, no ya como relato ficcional sino su intervención en la esfera de lo político, dentro de este caso, el mito debe ser interpretado como una estructura sobre la cual una comunidad organiza y da sentido a sus experiencias, esta ultima es una relación compleja entre el afuera y nosotros, donde nosotros intentamos leer y comprender lo que nos llega. Los mitos, en este caso, trabajan como anteojos que permiten establecer un orden, son creados en principio por comunidades de “lectura”, y comienzan, a través, de idas y vueltas, a dar algún sentido a las experiencias comunitarias con la historia y la naturaleza, gradualmente, los mismos pueden ser, según los contextos socio-históricos, ser modificados, redefinidos(Ver GILLMAM: 2008: 70-71; 128-132), ya que si se produce un inmovilización en el proceso de interpretación puede caer en 2 problemas: o desaparecen, ya que no sirven para pensar la realidad, o se transforman en canon de lectura de realidad.
Ademas el mito político, recuperado por los sectores populares, como decía el pensador peruano Jose Carlos Mariategui, movilizan a los pueblos en la historia, le da sentido histórico al devenir, pero cada época le da sentido a la tradición sobre la cual es utilizada como movilizador experimental de la realidad (Ver MARIATEGUI:1991: 9-13), ya que esa tradición reflejaría las disputas históricas en torno a los marcos de sentido sobre el cual se reconstruye la historia, es decir, una tradición en construcción, produce selección de los acontecimientos, elige voces sobre las cuales estructura un relato, se puede constituir como alternativa a las voces hegemonías, ya que en el devenir de la historia, las voces de los vencidos, olvidados por la tradición oficial, reclaman su lugar, es decir, valores éticos, de luchas, pueden ser re-significados por las preguntas del presente, quien interroga al pasado, y lo ve como una serie de lineas cortadas, pero que pueden ser unificadas como una nueva experiencia que nos de sentido a las luchas del presente y del futuro.
Es en este sentido que el Kirchnerismo, como movimiento político-social, reconfigura una nueva tradición movilizadora de justicia social, recuperando sentidos y voces de la historia, para constituir un proyecto de país, que configura un conjunto de experiencias previas, de nuevas y viejas dignidades humanas recuperadas, que moviliza valores éticos-politicos una serie de valores, modos de vida, donde la importancia de la pluralidad de militancias contra la injusticia social adquiere un valor de centralidad, donde se trasciende el presente para legar a las futuras generaciones un proyecto (Ver BIELSA:2010).
Sobre esos valores, proyectos, se construye el mito Kirchnerismo, no ya como relato ficcional sino como un proyecto movilizador, un espacio para entender la realidad, un espacio de comunidad, que ve en la nación y en el continente, en los sectores mas desfavorecidos el sentido de la militancia por un país mejor para las generaciones actuales y futuras.
BIELSA, Rafael; “Algunas verdades relativas del kirchnerismo” en Tiempo Argentino, 5-12-2010
GILLMAN, Neil, Fragmentos Sagrados, LILMOD, Buenos Aires, 2008
MARIATEGUI, Jose Carlos, Textos Básicos, FCE, Lima, 1991
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