Trescientos sesenta y cinco dias
Un año puede ser mucho o poco. Un bebé nacido hace un año hoy está lleno de gracia, y la semilla plantada hace un año ha florecido ya dos veces. Pero hay tambien cosas que parecían haber nacido radiantes y al cabo de un año ni siquiera tienen un resto de luz, pues es ese el tiempo que se necesita para consumir lastimosamente trescientos sesenta y cinco días: En solo trescientos sesenta y cinco días la oposición en el Congreso consumió su último grumo de pundonor y varios envilecieron sus mandatos demostrando que hasta su diminuto papel opositor les queda grande.
A un año de la falla de un gran corazón que falló precisamente por su grandeza, millones de corazones anónimos y un corazón de mujer no le fallan: los unos lo sustituyen sin fallas en la cadena de militancia y el otro no falló al dominar el dolor y afianzar su autoestima incrementando la estima que por ella siente el pueblo.
Trescientos sesenta y cinco días pueden ser mucho o poco. Pero sirven para mostrar que un muerto encendido sigue encendido; que una presidenta dolida sigue dolida pero íntegra; que las mentiras dichas a los largo de trescientos sesenta y cinco días se descubren trescientos sesenta y cinco veces más grandes, y que las agorerías contra el país caen en ridículo con su carga de augures tramposos.
La verdadera historia de estos últimos trescientos sesenta y cinco días no está en la tapa de los diarios ni en los noticieros ni en las redes sociales: está en la vida de un pueblo que desde un presente de congoja mantiene intactas sus expectativas acerca del porvenir. El último año transcurrido, en lugar de señalar el pasado se abre hacia el futuro y ha conseguido, en su transcurso, que de un cuerpo ya inanimado y sepultado surjan las más vivas esperanzas.
A un año de su fallecimiento, Néstor Kirchner está menos muerto que aquél miércoles por la mañana en que murió, y la semilla por él sembrada ha germinado y en la tierra donde él residía ha crecido la vida.
Quienes execraban al ex Presidente y todavía continúan haciéndolo post mortem, hoy están menos vivos y en proceso de amortajamiento. Néstor Kirchner, en cambio, está menos muerto que aquél miércoles por la mañana en que murió.
Por Él, por todos nosotros, por la Patria ¡Ahora vamos por la nacionalización de la banca y los seguros, el petróleo, el gas, los ferrocarriles y los servicios públicos, la creación del IAPI, la Junta Nacional de Granos, la Flota Mercante… ¡Nunca menos!
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