viernes, 16 de septiembre de 2011

PORQUE SIGUEN ESCRIBIENDO LOS LAPICES???

Nuevamente nos encontramos ante un 16 de Septiembre, fecha que desde 1976 estuvo relacionada, tristemente, a uno de los momentos más oscuros en nuestra Historia como Pueblo, fecha que desde el año 2006 ha dejado de ser un día más en nuestros almanaques porque el por entonces Presidente Néstor Kirchner nos permitía tomarla como un día propio para todas y todos los jóvenes del país: DIA NACIONAL DE LA JUVENTUD.
Más allá de la importancia que reviste el día en cuanto tal; la importancia fundamental radica en el llamado que en aquellos años se hacía a las juventudes argentinas, como sostiene el mensaje de Néstor Kirchner dirigido al Congreso de la Nación al momento de solicitar que el 16 de septiembre, reconocido por los sucesos de La Noche de Los Lápices, sea instituido como Día Nacional de la Juventud y se conmemore cada año: Nuestro país necesitaba “establecer un espacio de memoria. Un día en particular en el que en la República Argentina los jóvenes puedan reflexionar, a partir de ellos y de nuestra historia, saber quiénes fueron, quiénes son y quiénes quieren ser.”
Pero, ¿por qué el 16 de septiembre?
Porque es una fecha que nos permite conocernos como Pueblo, tener memoria, reflexionar sobre nuestro pasado, nuestro presente y, por sobre todo, pensar el país que queremos, el país que tuvimos y el que tenemos. Aunque la actitud desafiante de este pedido estuvo en el hecho de volver a darles voz y voto a las juventudes, a decirnos que sí podíamos, es más, que debíamos expresarnos, participar, “ponernos en marcha”, y entender que la realidad puede cambiar, pero no por arte de magia, sino de la forma que actuaban aquellos pibes de 16, 18 años, que fueron “chupados” esa noche: poniéndoles el cuerpo, haciendo nuestras sus banderas y sus luchas, militando y perdiendo el miedo a la política, participando y siendo interlocutores en los temas que nos tienen como protagonistas.
Esta fecha nos permite entender que detrás de las palabras, las políticas de gobiernos, las acciones colectivas, las cifras de las estadísticas, de los relatos de la Historia, del tiempo que ha pasado; detrás de estas situaciones (¿o delante, debería decir?), hubo personas, millones de ellas, que quedaban fuera del sistema, que eran excluidos, aquellos no-ciudadanos que padecían en carne propia los estragos y las desigualdades de un sistema ficticio. Y entre ellos los jóvenes, que trabajaban o estudiaban, si podían, o que hacían las dos cosas o ninguna; al tiempo que las palabras más recurrentes al hablar de política eran corrupción o crisis, sea de representación, de las instituciones, de los partidos políticos, de la política misma, del sector público, de la participación, del tequila, etcétera. Un momento en el que nos habían silenciado, nos habían robado la voz.
¿Cómo podemos pensar en participación política juvenil, o en ciudadanía en el neoliberalismo, si lo menos interesante era participar?, si las mejores alternativas se encontraban en el mercado o en el “tercer sector” porque el mismo Estado se encargaba de decir un día tras otro que era ineficiente, lento, burocrático, incapaz; si la política misma nos decía que nuestros representantes debían ser cantantes, actores, deportistas o ejercer cualquier otra actividad más “mediática” y mejor vista que la de ser político; si lo nacional era malo y lo popular aún peor.
Salir del infierno, quería decir en pocas palabras que nos debíamos como Pueblo el “retorno de lo político”, de la vida comunitaria, de la visión federal, de preocuparse por el otro; de discutir qué tipo de país se quiere (los ciudadanos, no las corporaciones), de replantear el orden de los valores colectivos, de las prioridades del gobierno, de ver de qué forma se “arreglaba” el tejido social roto a lo largo de los últimos treinta años. Nos debíamos la posibilidad de poder pensar desde una lógica diferente, una lógica de lo político, donde nuevamente, después de treinta años, los jóvenes podíamos volver a expresarnos. Este es el lugar que no debemos perder, el de ser portadores de nuestra propia voz, está demostrado que las voces de otros no nos representan, que si no se considera nuestra opinión tampoco se cuenta con nuestra acción.
Hoy, tenemos la posibilidad de demostrar que no todo tiempo pasado fue mejor, siempre y cuando haya voluntades para seguir actuando, cuerpos y mentes que demostremos que pasamos del dicho al hecho, porque esa es la manera de conseguir un mejor presente y futuro para todos: Por eso Los Lápices Siguen Escribiendo…porque hay manos que los hacen andar.
Leticia Camusso
Directora de Juventud
Universidad Popular
Direccion Juventud Villa María, el Viernes, 16 de septiembre de 2011, 12:21

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