MILLONES NOS IDENTIFICAMOS CON ESTA CARTA !!!
Carta abierta de una militante
de Elida de Bianchetti, el Lunes, 29 de agosto de 2011, 11:24
Carta abierta de una militante.
Cuando veo a la generación de mis hijos acercarse con tanta energía y convicción a la militancia recuerdo nuestro acercamiento allá al comienzo de los 70. Una energía y convicción común a la que se despliega hoy. No sabíamos que íbamos a encontrar en nuestro camino pero sabíamos que lo queríamos recorrer, ese camino solo podía conducir a una argentina mejor, más igualitaria, más justa, más caritativa, más soberana.
Jamás imaginamos el horror que detendría nuestra militancia, vimos, nos enteramos y padecimos la muerte y desaparición de miles de nosotros. No éramos todos de un mismo origen, no todos militaban en los mismos grupos, agrupaciones o partidos. Pero todos sufrimos ese periodo en forma brutal.
Fuimos acallados en miles de formas, todas con el mismo origen, la brutalidad, lo sanguinario y mortal. Maltratados en nuestros lugares de estudio y trabajo. Nuestros libros fueron quemados, nuestros músicos amordazados, nuestras películas censuradas, nuestras reuniones silenciadas. Y aun así nos mantuvimos esperanzados en que ese camino el que habíamos emprendido al final de nuestra adolescencia debía ser caminado.
Pasaron años de sufrimiento, muchos de sufrimiento en silencio, con recelo de aquel que se nos paraba al lado, por que el asesino tomaba nuestra forma para encerrarnos aun más. Somos también de esa generación que fue utilizada en una guerra, guerra que solo pretendía prolongar al gobierno destructor.
Llego la democracia, tibia, débil y aun así esperanzadora. Nos encontró desprovistos de una dirigencia preparada para lo que debía la sociedad enfrentar, se equivocaron de enemigo, se tranzo, se puso punto final, se justifico la obediencia y hasta se indulto, aun así seguíamos convencidos que ese camino era el que teníamos que caminar.
La dictadura había logrado su cometido, el sometimiento de la voluntad al sistema económico liberal, los presidentes argentinos de la democracia votados por el pueblo aplicaban el mismo sistema, terminaron de destrozar nuestra industria, desguazaron al estado, oprimieron al trabajador, a todos los trabajadores desde los agremiados a los independientes, de los trabajadores rurales a los de la industria, de los trabajadores manuales a los profesionales. No hubo un sector que no fuera profundamente afectado. Y aun así sentíamos que ese camino que emprendimos a los 17, 18 era el que teníamos que caminar.
Pasaron años de desazón y desesperanza.
En el año 2003, después de dos años aciagos, aparece en el escenario político un par, un hombre de nuestra edad, un hombre con nuestras convicciones.
Ese que no dejo las "convicciones en la puerta de la casa de gobierno". Y con el gente que pensaba y sentía como nosotros. Que prometía que el camino estaba abierto una vez mas para ser transitado por nosotros y que nos conducía a donde siempre quisimos ir.
Entonces, una vez más tomamos la militancia en nuestras manos, pusimos el hombro, la cabeza y nuestros brazos, subimos nuestra voz. Ya no tenemos la piel tersa, ya nuestras cabezas están casi blancas pero de algún lado de nuestro corazón sacamos la fuerza para repartir volantes, para explicar posiciones, para sencillamente militar.
Vemos con alegría las generaciones que nos siguen que empiezan a transitar este camino, que por el sacrificio de los 30.000, por el sacrificio de dos generaciones se encuentran con este camino que promete, este camino que conduce a esa argentina que por poco no perdemos, camino hoy mas transitable, que jamás será interrumpido, por que nunca mas será interrumpido.
El FPV no solo permitió que todos estos jóvenes empezaran, se fortalecieran y crecieran en la militancia, permitió que todos nosotros la generación de 50 y tantos volviéramos a disfrutar de la militancia, de la libertad, de los sueños posibles.
Es por ello que hoy casi al final de mis 50, me encuentro en la calle repartiendo los volantes, hablando con mis pares abiertamente, hablando con mis hijos, caminando por horas esquinas, levantando banners que se vuelan, escuchando si escuchando, viendo pasar por la vereda muchos que sonríen y dicen a ustedes los voy a votar. Y encontrando también por que no decirlo unos muchos que justifican, desean y añoran volver al 76. A esos les digo no nunca mas, este camino lo hemos de andar, nunca más ustedes lo van a interrumpir, pero caminen con nosotros, hagan nuestro andar suyo por que al final del camino nos encontraremos con esa argentina buena que queremos habitar.
Elida
Carta abierta de una militante
de Elida de Bianchetti, el Lunes, 29 de agosto de 2011, 11:24
Carta abierta de una militante.
Cuando veo a la generación de mis hijos acercarse con tanta energía y convicción a la militancia recuerdo nuestro acercamiento allá al comienzo de los 70. Una energía y convicción común a la que se despliega hoy. No sabíamos que íbamos a encontrar en nuestro camino pero sabíamos que lo queríamos recorrer, ese camino solo podía conducir a una argentina mejor, más igualitaria, más justa, más caritativa, más soberana.
Jamás imaginamos el horror que detendría nuestra militancia, vimos, nos enteramos y padecimos la muerte y desaparición de miles de nosotros. No éramos todos de un mismo origen, no todos militaban en los mismos grupos, agrupaciones o partidos. Pero todos sufrimos ese periodo en forma brutal.
Fuimos acallados en miles de formas, todas con el mismo origen, la brutalidad, lo sanguinario y mortal. Maltratados en nuestros lugares de estudio y trabajo. Nuestros libros fueron quemados, nuestros músicos amordazados, nuestras películas censuradas, nuestras reuniones silenciadas. Y aun así nos mantuvimos esperanzados en que ese camino el que habíamos emprendido al final de nuestra adolescencia debía ser caminado.
Pasaron años de sufrimiento, muchos de sufrimiento en silencio, con recelo de aquel que se nos paraba al lado, por que el asesino tomaba nuestra forma para encerrarnos aun más. Somos también de esa generación que fue utilizada en una guerra, guerra que solo pretendía prolongar al gobierno destructor.
Llego la democracia, tibia, débil y aun así esperanzadora. Nos encontró desprovistos de una dirigencia preparada para lo que debía la sociedad enfrentar, se equivocaron de enemigo, se tranzo, se puso punto final, se justifico la obediencia y hasta se indulto, aun así seguíamos convencidos que ese camino era el que teníamos que caminar.
La dictadura había logrado su cometido, el sometimiento de la voluntad al sistema económico liberal, los presidentes argentinos de la democracia votados por el pueblo aplicaban el mismo sistema, terminaron de destrozar nuestra industria, desguazaron al estado, oprimieron al trabajador, a todos los trabajadores desde los agremiados a los independientes, de los trabajadores rurales a los de la industria, de los trabajadores manuales a los profesionales. No hubo un sector que no fuera profundamente afectado. Y aun así sentíamos que ese camino que emprendimos a los 17, 18 era el que teníamos que caminar.
Pasaron años de desazón y desesperanza.
En el año 2003, después de dos años aciagos, aparece en el escenario político un par, un hombre de nuestra edad, un hombre con nuestras convicciones.
Ese que no dejo las "convicciones en la puerta de la casa de gobierno". Y con el gente que pensaba y sentía como nosotros. Que prometía que el camino estaba abierto una vez mas para ser transitado por nosotros y que nos conducía a donde siempre quisimos ir.
Entonces, una vez más tomamos la militancia en nuestras manos, pusimos el hombro, la cabeza y nuestros brazos, subimos nuestra voz. Ya no tenemos la piel tersa, ya nuestras cabezas están casi blancas pero de algún lado de nuestro corazón sacamos la fuerza para repartir volantes, para explicar posiciones, para sencillamente militar.
Vemos con alegría las generaciones que nos siguen que empiezan a transitar este camino, que por el sacrificio de los 30.000, por el sacrificio de dos generaciones se encuentran con este camino que promete, este camino que conduce a esa argentina que por poco no perdemos, camino hoy mas transitable, que jamás será interrumpido, por que nunca mas será interrumpido.
El FPV no solo permitió que todos estos jóvenes empezaran, se fortalecieran y crecieran en la militancia, permitió que todos nosotros la generación de 50 y tantos volviéramos a disfrutar de la militancia, de la libertad, de los sueños posibles.
Es por ello que hoy casi al final de mis 50, me encuentro en la calle repartiendo los volantes, hablando con mis pares abiertamente, hablando con mis hijos, caminando por horas esquinas, levantando banners que se vuelan, escuchando si escuchando, viendo pasar por la vereda muchos que sonríen y dicen a ustedes los voy a votar. Y encontrando también por que no decirlo unos muchos que justifican, desean y añoran volver al 76. A esos les digo no nunca mas, este camino lo hemos de andar, nunca más ustedes lo van a interrumpir, pero caminen con nosotros, hagan nuestro andar suyo por que al final del camino nos encontraremos con esa argentina buena que queremos habitar.
Elida
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